La Selección Mexicana convirtió la noche del 25 de febrero en Querétaro en algo más que un amistoso. En un contexto nacional marcado por tensión e incertidumbre, el Estadio La Corregidora ofreció una postal distinta: futbol, orden y una afición que respondió. México goleó 4-0 a Islandia y dejó sensaciones positivas a poco más de tres meses del Mundial 2026.
El equipo de Javier Aguirre, armado en gran medida con futbolistas de la Liga MX y con fuerte presencia de jugadores de Chivas, mostró funcionamiento, ritmo y jerarquía ante un rival que compitió con rotaciones. El resultado no sólo sirvió para ajustar piezas; también funcionó como mensaje de normalidad operativa en un recinto con pasado reciente complejo.
La logística funcionó. El operativo de seguridad se desarrolló sin incidentes y la afición ocupó buena parte del estadio, que volvió a escucharse vivo con el “Cielito Lindo” como banda sonora de una noche que buscaba reconciliar al futbol con su entorno.
Un Tri con base local y respuesta ofensiva
México resolvió el partido con autoridad. Tras un arranque equilibrado, el Tri encontró espacios y tradujo dominio en goles.
Richard Ledezma abrió el marcador y marcó el tono del encuentro: movilidad por banda, profundidad y agresividad en recuperación. Poco después, Armando “La Hormiga” González —en buen momento con Chivas— amplió la ventaja y confirmó su crecimiento dentro del proceso.
En la segunda parte apareció el liderazgo. Jesús Gallardo, capitán en el partido, aprovechó una acción a balón parado para el tercero, reflejando la insistencia mexicana por las bandas y el control territorial.
El cierre lo firmó Brian Gutiérrez, que coronó su actuación con el 4-0 tras conducir y definir mano a mano, sellando una noche donde el Tri mostró fluidez, variantes y control emocional.
Señales para Aguirre
Más allá del marcador, el partido dejó lecturas claras.
El equipo recuperó orden defensivo, el mediocampo sostuvo ritmo y la base joven respondió a la oportunidad. La “Hormiga” confirmó que puede competir por minutos, Ledezma ofreció soluciones por banda y Gutiérrez aportó creatividad en el último tercio.
Gallardo, por su parte, simbolizó equilibrio: recorrido, liderazgo y llegada.
Para Aguirre, el ensayo permitió observar perfiles útiles en un contexto donde no todos los futbolistas del extranjero estaban disponibles, escenario habitual fuera de fecha FIFA.
El Corregidora como escenario simbólico
El regreso de la Selección a Querétaro tuvo carga narrativa. El Corregidora, marcada por episodios de violencia en el pasado, se convirtió en escenario de normalidad futbolística: operativo robusto, tribunas activas y una experiencia sin incidentes.
El amistoso funcionó como ensayo deportivo y como prueba organizativa rumbo al Mundial, donde México será sede y está bajo observación internacional en materia de seguridad.
Una goleada que suma confianza
México no enfrentó al rival más exigente, pero cumplió lo que debía: dominar, generar y cerrar el partido.
La goleada devuelve confianza tras meses de irregularidad y abre competencia interna en posiciones clave. El proceso rumbo a 2026 sigue abierto, pero noches como la de Querétaro ofrecen certezas.
El Tri encontró algo que había perdido por momentos: funcionamiento visible.

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